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Las tonalidades de la Luna

Luis Alonso.

 

Una foto que me regaló, mi compañero y amigo Ricardo Velázquez, me hizo reflexionar por primera vez sobre este aspecto. En la foto, magnifica por cierto, la Luna adquiría en ciertas zonas unas tonalidades marrones y azules que la hacían mucho más atractiva. La foto es la suma de una gran toma y un programa informático, pero el resultado nos sirve para apreciar la composición geológica lunar. Visualmente se aprecian los impactos más recientes y los basaltos ricos y pobres en hierro y titanio. El color marrón nos indica las zonas pobres en estos elementos mientras que las tonalidades azules nos indican lo contrario.

Pero no es necesario siempre el apoyo visual fotográfico para percibir cambios cromáticos en nuestro satélite. Muchas veces cuando el Sol se oculta en los atardeceres y la Luna se asoma tras el horizonte, esta última adquiere tonalidades entre amarillos y naranjas, pues la interacción de los rayos solares sobre las partículas de la atmósfera motiva este efecto.

Cuando alzamos la vista hacia ella, podríamos decir que el color de la Luna es un amarillo oscuro al verla a simple vista tan clara. Este brillo se debe al contraste que obtiene con el fondo oscuro que la rodea, aunque el color de la superficie lunar depende en gran medida del ángulo de incidencia de los rayos solares sobre su superficie, a pesar de que muchas de las piedras lunares recogidas por los astronautas fueron negras.

Curiosamente la línea que separa la zona iluminada de la oscura, denominada terminador, es perfectamente nítida. Esta casi perfecta separación tonal, se consigue al no poseer atmosfera. Si la Luna tuviese atmosfera, esta línea seria algo borrosa y seguramente con un ligero fulgor, como ocurre en los crepúsculos terrestres.

Muchos de nosotros, hemos oído también el termino Luna negra. No se trata de una cuestión de mala suerte; es el período en que la Luna se encuentra tan cerca del Sol (aparentemente), que no puede ser vista desde la Tierra al quedar oculta por el resplandor solar. A este periodo astronómico lo denominamos Luna Nueva.

Pero otra acepción aceptada para el termino Luna Negra, es la segunda Luna Nueva dentro de un mismo mes o la ausencia de la misma en ese periodo, suceso que solo podría ocurrir en febrero y que provocaría dos Lunas nuevas en el mes anterior y posterior.

Un efecto de color que nos es muy familiar en la Luna, es la tonalidad rojiza. La atmósfera actúa como una especie de filtro, efecto conocido como difusión Rayleigh. Por ejemplo, cuando nuestro planeta se interpone entre el Sol y nuestro satélite causando un eclipse, la Luna obtiene esta tonalidad entre rojizo y tenue carmesí. El manto de gases de la troposfera, refracta luz solar hacia el cono de sombra causado por la Tierra, la mayoría en longitudes de onda que van del rojo al naranja, causando este efecto visual en nuestra retina.

Sin embargo, el color y brillo que adquiere la Luna varía para cada eclipse. La cantidad de polvo en la atmósfera terrestre y sobre todo si esta cargada de partículas volcánicas nos ofrecerá una tonalidad mucho más rojiza que si el aire esta limpio y nuestra impresión pasará a ser una gama más anaranjada.

La Dispersión de Rayleigh, en honor de Lord Rayleigh, consiste en la dispersión de la luz o cualquier otra radiación electromagnética por partículas mucho menores que la longitud de onda de los fotones dispersados. En otro orden de cosas, la dispersión de Rayleigh de la luz solar en la atmósfera es la principal razón de que el cielo sea azul.

Y ya que hablamos de azul, ¿qué es la famosa Luna Azul?

Actualmente, se denomina Luna Azul a la segunda Luna llena ocurrida durante un mismo mes, fenómeno que sucede aproximadamente cada dos años y medio. Pero el origen de este termino no esta completamente confirmado. Hay quien supone que proviene de la frase en inglés “Once in a blue moon”, cuyo significado está relacionado con algo que pasa muy de vez en cuando.

En un artículo de Sky & Telescope publicado en marzo de 1946 y escrito por James Hugh Pruett un astrónomo amateur, Pruett malinterpreta los datos del almanaque de 1937 de “Maine Farmers Almanac”, el almanaque de los granjeros de Maine, adquiriendo el término más popularidad que su verdadero origen.

La revista Sky & Telescope rastreó más de 40 ediciones de aquel almanaque, desde 1818 a 1962, en los cuales se hace referencia a más de una docena de “lunas azules”, ninguna de las cuales eran la segunda Luna llena de un mes.

Al parecer el almanaque no utilizaba como periodo anual desde el 1 de enero al 31 de diciembre, sino desde el solsticio de invierno al siguiente. El Sol parece moverse a lo largo de la eclíptica a una tasa variable porque la órbita de la Tierra no es un círculo perfecto.

Pero ellos utilizaban otro método; el de Sol dinámico o Sol ficticio, cuerpos imaginarios que se mueven por la elíptica y el ecuador celestes a una tasa constante y que produce estaciones de igual extensión, así como otras reglas que tomaban la reforma de 1582 del calendario Gregoriano relacionadas con la pascua y la cuaresma. Así cuando una estación contenía cuatro lunas llenas, a la tercera se la denominaba Luna Azul. Como las demás Lunas llenas tenían nombres relacionados con los solsticios y equinoccios, la tercera adquirió este nombre (la Luna antes de Yule, la Luna después de Yule).

Hace bastantes años, un verano, una noticia que leí casualmente en un periódico supuso mi primera referencia sobre esta Luna. Casualmente llevaba en mi viaje una cámara fotográfica y un buen objetivo. Ni visualmente ni fotográficamente, esa Luna llena tenia tono azulado.

Sea como sea, este término adquirió popularidad en 1999 cuando se produjo dos veces en el mismo año. Las siguientes Lunas azules se producirán en agosto del 2012, julio 2015, enero y marzo 2018, octubre 2020, agosto 2023, mayo 2026, etc.

¿Pero es realmente azul?

Probablemente no. Cuando en 1883 el volcán de Indonesia llamado Krakatoa explotó, sus cenizas se elevaron hasta los mismos límites de la atmosfera y la Luna se volvió azul. La luz blanca de la Luna que pasaba a través de las nubes, emergía de color azul y a veces verde. Con la erupción del volcán El Chichón en México en 1983, al parecer ocurrió lo mismo.

La clave para que aparezca una luz azul es tener en el aire muchas partículas ligeramente mayores que la longitud de onda de la luz roja (0,7 micrones) y que no existan de otros tamaños.

Esto es poco frecuente, pero a veces sucede con los volcanes o los incendios de bosques, aunque en la mayoría de las ocasiones que esto ocurre, la Luna se vuelve roja.

La Luna nos ofrece muchos colores, sin embargo su tono blanquecino nos acompaña casi todas las noches en su paseo nocturno entre las constelaciones.

Si el color tiene su origen en la luz natural y la naturaleza posee sus propios laboratorios para fabricar colores, disfrutemos nosotros del variado espectro lunar ficticio y real.

 

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